viernes 25 de febrero de 2011

Hablando con la pared

¡Relato surrealista! La verdad es que el surrealismo me encanta, soy un gran fan de Michael Ende. Espero que os guste :D


La tenue luz del día llenaba la plaza de hormigón de sombras difuminadas. Tenía cuatro árboles jóvenes en cada uno de sus lados, con brotes claros y brillantes. Los edificios apenas dejaban ver el cielo.
Al fondo de esta plaza había un inmenso edificio con una inmensa pared cuadrada, en cuya superficie podía verse un inmenso reloj. Era un reloj peculiar. Tenía cientos de miles de agujas de todos los tamaños que giraban a velocidades diferentes, creando un intrigante remolino de metal. Eran tantas que tapaban por completo el fondo del aparato.
En su parte inferior había unas discretas escalerillas pegadas a la pared que te permitían subir hasta la altura de las tres o las nueve.
Decían que aquel día, a las diez en punto de la mañana, las manecillas dejarían un hueco que permitiría ver la esfera del reloj. Y también decían que de allí vendría una terrible amenaza.
No sé cuando fue construido este inmenso mecanismo, pero hay archivos que datan de él desde hace casi doscientos años, aunque todos los anteriores se perdieron por un fallo técnico. Recuerdo que mis abuelos me contaron que cuando eran jóvenes, hace cien años, las agujas del reloj se separaron en el dos y dejaron un hueco que permitía ver la esfera. Tenía una placa de metal que decía: “Dentro de cien años, una terrible amenaza surgirá de este reloj”
Ahora mismo faltaban exactamente diez minutos para que ese vaticinio se cumpliera.
Toda la población de la zona de la ciudad circundante al reloj se había escondido en sus casas o había huido más lejos. Al contrario que ellos, yo sentía demasiada curiosidad por aquella amenaza, así que me había quedado para verla con mis propios ojos.
Faltaban siete minutos. Me senté en uno de los bancos de la plaza, a esperar. Era liso y de hormigón, como casi todo en la ciudad.
Frente a mí, las manecillas ya estaban empezando a dejar el hueco prometido. Me acerqué a la pared y subí por las escaleras para verlo más de cerca. Los latidos de miedo de mi corazón se acompasaban con el tictac del reloj. La masa de varillas de hiero se hacía cada vez menos espesa, y pude ver los primeros atisbos del fondo gris oscuro.
Las agujas más lentas de las capas superficiales estaban agrupándose en forma de escalones cada vez más definidos, mientras que las del final seguían siendo un caos.
Pasaron los minutos y un túnel entero apareció ante mí. Todavía no se había formado del todo, pero era más o menos transitable. Así que, sin pensármelo dos veces (pues esto podría haberme hecho acabar encerrado dentro del reloj), corrí por el pasillo de metal.
Era más hondo de lo que imaginaba, aunque tomaba una leve curva hasta acabar en... Una pared. Una pared con una placa que decía “Dentro de cien años, una terrible amenaza surgirá de este reloj”.

4 reflejos en el agua:

  1. Jo, no pillo el final. ¿Entonces todo era mentira? ¿Es algo psicológico (sí, ¿tan mal estoy?) o le doy demasiadas vueltas? Tú y tus máquinas infernales siempre acaparais mi atención.

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  2. No, simplemente era un cartel tonto sin significado, como si quien intentara interpretarlo estuviera condenado a hablar con la pared :)

    PD: Mis máquinas infernales y yo nos sentimos halagados xD

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  3. ¡Oh, qué chulo! Sé que ya te lo dije muchas veces, peeeero lo repito: encanta tu forma de describir los ambientes, la atmósfera de misterio... todo tiene un aire a Michael Ende que me encanta ^^
    Y el final es extraño, pero eso es lo que hace que la historia sea especial. :D

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  4. Super chulo, Will. Como siempre :D
    Es que no sé qué más decirte jajaja
    Nos leemos!!

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